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Domingo Villar, imprescindible en la novela policiaca española

Domingo Villar es uno de esos poquísimos escritores que, discretamente, y sin tener ningún gran respaldo mediático, ha terminado ganándose un merecido espacio en la novela negra española. Es sin duda unos de los mejores autores novela policiaca española actuales. De hecho, si tuviera que elegir un autor español contemporáneo de novela negra o policíaca sin duda elegiría a Domingo Villar. No lo digo por el conjunto de su obra, donde quizá sería injusto saltarse a autores como Lorenzo Silva, con una amplia y muy buena trayectoria literaria, pero la calidad y calidez de sus tres libros para mí están en un nivel premium, como dice mi hijo. Un nivel que, en lo que llevamos de siglo XXI, muy pocos alcanzan.

Un gallego apegado a su tierra.

Domingo Villar nació en Vigo en 1971 y, antes de centrarse en escribir novelas, trabajó como guionista y periodista, y quizá esa convivencia con la escritura cotidiana ayuda a que sus historias transcurran por una lectura fluida. En una entrevista suya indicaba que “El de escritor es un oficio artesano”, y también “la prisa y la literatura se llevan mal”, y efectivamente, en su obra se ve ese cariño al trabajo que hace, ese amor a la literatura sincera, a la literatura sin prisa.

Como también se desprende un profundo amor a su tierra. También he leído en otra entrevista que “soy escritor y escribo novelas que, por fuera, parecen policíacas, pero por dentro son cuentos de amor a una tierra, Galicia”. Y es que, dejando de lado la belleza de la frase, quienes conozcan y tengan un cierto cariño a las rías gallegas van a disfrutar doblemente con estas novelas.

Aunque también tiene publicada una obra de teatro y muchos relatos cortos, Villar es especialmente conocido por su serie de novelas policiacas protagonizadas por el inspector Leo Caldas, un policía tranquilo, observador y bastante humano, ni duro ni estrambótico como tantos, sino una persona que podríamos decir normal, un tipo como cualquiera de nosotros. Quizá de ahí la cercanía entrañable con la que lo seguimos.

Una excepcional e involuntaria trilogía policiaca

Las tres novelas policíacas publicadas por Villar componen una serie que, como decía antes, me parece estupenda. La primera de las tres novelas de la serie es Ojos de agua (2006). Es lógicamente el primer contacto con el inspector Leo Caldas y con su compañero Rafael Estévez.

La historia arranca con la muerte de un saxofonista en Vigo. A partir de ahí, la investigación se mete en el mundo nocturno, las relaciones personales del músico y sus secretos. Desprende también un gusto por la música, y desde esta primera novela ya empezamos a ver lo que es el estilo de Villar, un tranquilo discurrir de hechos, una información que se va organizando y encajando sin prisas, un ritmo tranquilo, mucha conversación y sobre un canto de amor a su tierra, a sus costumbres y gastronomía, (durante muchos años Villar fue crítico gastronómico), y a diferencia de muchos que han acabado cayendo en una cierta pedantería, la gastronomía y vinos muy presentes en los libros de Villar se ofrecen como otra muestra más de cariño, recuerdos y sensaciones de esa tierra, tan difícil de comprender para los que vivimos en la otra punta de la península, como maravillosa.

Los personajes son buenos, creíbles, completos, y la dinámica curiosa de las relaciones entre el tranquilo Caldas y su colaborador, el maño Estévez, directo e impulsivo, rezuma un sentido del humor muy particular. Hay diálogos muy graciosos entre ambos, a los que les cuesta entender el alma tan gallega de uno y el carácter aragonés del otro. Pero aún se aprecia con más cariño y mayor sentido del humor si se sabe que Villar es un gallego puro, y su mujer, a la que adora, una auténtica aragonesa.

Me parece el libro perfecto para acercarse a conocerse al autor, además de por ser el primero, es también el más corto, para que nadie se queje de que le exijo esfuerzos. Y digo que es mejor que sea el primero de la serie porque estoy seguro que quien lo lea pronto buscará el segundo.

La playa de los ahogados (2009), es su libro más famoso, más premiado e incluso ha tenido ya una adaptación al cine.

Hemos dicho premiado, y ahora caigo que no he hecho referencia a su amplio éxito editorial. La serie de Caldas ha sido traducida a más de 15 idiomas y ha cosechado un gran número de premios, entre los que caben destacar el Novelpol en dos ocasiones, el Antón Losada Diéguez, el Premio Sintagma, el Premio Brigada 21, el Frei Martín Sarmiento, Libro del Año de la Federación de Libreros de Galicia. También ha sido finalista de los Crime Thriller Awards y Dagger International en el Reino Unido, del premio Le Point du Polar Européen en Francia y del premio Martin Beck de la Academia Sueca de Novela Negra.

Este libro resulta más ambicioso en su conjunto. Hay quien dice que por ello sube un poco el nivel, puede ser, para mi es difícil elegir uno de los tres, pero lo cierto es que serían este o el tercero. El caso comienza con el hallazgo de un marinero muerto en la más meridional de las Rías gallegas, en un pequeño municipio perteneciente a Nigrán. Todo apunta a un accidente, pero realmente, ¿lo es?.

La investigación nos va desvelando el trasfondo de la tranquila vida del pueblo, de una sociedad en ocasiones muy cerrada donde los vecinos se conocen todos sobradamente, pero donde quizá por eso hay muchos silencios incómodos, historias que parecían haberse olvidado, pero que muchas están presentes y vivas.

Hay mucho se Simenon en este autor, para mi humilde opinión, absolutamente subjetiva y profana. Y lo hay en ese inspector Caldas, personaje tranquilo y humano, como también lo es su autor, y en esa forma de captar los ambientes y la atmósfera, lo que resulta aparentemente sencillo y sin embargo determina a los verdaderos maestros de la narración. En este libro olemos las Rías, el mar, la niebla, la humedad y la naturaleza pura que rezuman las Rías gallegas.

Nos mojamos por fuera con esa fina llovizna perenne en invierno, y también por dentro, en esos bares y tabernas donde acude continuamente el inspector.

Los personajes principales son sólidos, pero incluso los secundarios tienen cuerpo, presencia, sentido, en general todo el elenco de personajes está muy bien construido. No hay nadie que sea un mero personaje, los que aparecen en las obras de Villar son siempre personas.

Esta obra además desarrolla mejor el misterio que el primero, lo que también se celebra, porque al fin y al cabo estamos en plena novela policiaca.

El último barco (2019), es el más ambicioso de los tres, el más largo y elaborado, y al igual que el anterior, la historia se aborda sin prisas, todo tiene un tiempo distinto. Caldas y Villar se toman su tiempo. Y si algo tiene también en común con los anteriores, es que es un libro estupendo.

La historia gira en torno a la desaparición de una joven en Vigo, sin pistas claras y con muchas preguntas abiertas. La investigación se va complicando, pero también la vida personal de Caldas, por lo que tenemos un tono, en ocasiones, más cálido, más cercano, más emotivo.

Gran autor y gran persona

La prematura muerte de Domingo Villar fue un drama personal, evidentemente, más para una familia muy unida como se puede ver en la entrevista que luego dejo, pero también, ha sido un drama en lo literario, dejando huérfano un personaje con el que los lectores habíamos conectado muchísimo, y al que teníamos muchas ganas de volver a encontrar.

Domingo Villar además fue un gran tipo, porque el reconocimiento como gran persona es unánime, y con sólo tres libros, es sin duda uno de los escritores más queridos dentro de la novela negra española, un mundo donde en ocasiones hay demasiados puñales por la espalda.

En las entrevistas que pueden encontrarse de él, rezuma humanidad, y una cosa que en ocasiones parece difícil de encontrar en los escritores, sentido común. Es de ver tantos escritores que sufren, los pobres, esforzándose en tener que ser geniales, ingeniosos, provocadores, críticos o terribles, cada uno se crea a su vez su personaje como escritor. Pero Domingo Villar es un tipo la mar de normal, como su inspector. Y esa fórmula de naturalidad y honestidad es la que crea esos lazos especiales, al menos conmigo, cansado como estoy de postureos y vacuidades en el mundo literario. Villar me parece, además de un gran escritor, un tipo sensato, sano y honesto con el que me hubiera gustado mucho despachar una botellita de Ribeiro.

Y en ese carácter humano es donde os decía antes que veía algo de Simenon. Y algo de Maigret en Leo Caldas. Podríamos también recordar a Wallander, que al fin y al cabo viene a ser una especie de heredero deprimente de Maigret. Dicho con todos los respetos que merece el sueco. Pero así como en las novelas de Mankell, y los nórdicos en general, se rezuma un cierto pesimismo vital, en Maigret y en Caldas la vida aflora por todas partes, hay crimen, hay maldad, pero ello se vislumbra como una desviación repugnante de la vida con mayúsculas que celebra Domingo Villar en sus novelas y en su vida.

Os dejamos enlaces a sus obras en Siruela, y un par de entrevistas que he encontrado y me han parecido más interesantes, en concreto este artículo de El español con un retrato personal y entrañable del autor, uno sobre su obra general, un podcast de Aragon radio, y os animo de verdad a acercaros a estas obras y a este autor estupendo.

 

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