Libros Con Valores

Flannery O’Connor, la dura voz americana que nos recuerda que siempre queda la esperanza

Flannery O’Connor, es la dura voz americana que sin embargo nos recuerda que siempre queda un pequeño espacio para albergar la esperanza. O quizá más bien deberíamos añadir la gracia. Pero la gracia es un concepto difícil de explicar, especialmente si alguien no aborda este tipo de autores que solemos recomendar en esta web de libros con valores.

Por eso, desde esta humilde web tratamos de descubrir o recuperar ese tipo de autores, buenos, de calidad, interesantes, pero también con mucho poso. Esos libros que mucho tiempo después de haber vuelto a la estantería nos siguen rondando por la cabeza mediante ideas, imágenes, anécdotas, historias…

Flannery O’Connor, una autora en plena forma

A medio siglo de su muerte, Flannery O’Connor continúa ejerciendo una influencia magnética sobre lectores, críticos y escritores, que encuentran en su obra un territorio donde lo sagrado y lo salvaje conviven sin pedir disculpas. Hija del profundo sur estadounidense, O’Connor construyó un universo literario donde la violencia repentina y las miserias cotidianas se cruzan con un humor negro que deja al lector atrapado entre la risa y el estremecimiento.

En los últimos años en vida, la figura literaria ya había ido creciendo en todo el país, pero quizá lo más inesperado ha sido que tras su muerte, ha seguido creciendo de una forma exponencial hasta convertirse en un auténtico referente literario estadounidense. Prueba de ello es la publicación en pocos años de nueve libros póstumos, varias biografías, presencia constante en universidades y antologías, traducciones a más de veinte idiomas y cientos de investigaciones en estudios universitarios y doctorados, dando con todo ella buena prueba de un fenómeno literario que sigue creciendo.

En España este mismo año se han publicado tres libros, un volumen que reúne todos sus cuentos en Zenda, y en Ediciones Sígueme y en Rialp, dos obras suyas, inéditas en nuestro país, que recogen cartas que la escritora norteamericana escribió a amigos y admiradores a lo largo de su corta vida, en el prólogo de una de ellas, describe Gustavo Martín Garzo “la sorprendente escritura de una mujer que experimentó el misterio de la vida y el enigma que todo hombre es”.

Una escritora de profundo calado

Yo he leído los relatos, que se pueden encontrar en los volúmenes en que se publicaron originariamente, o en una edición completa que recoge varios de esos libros, y me parecieron algunos de ellos realmente buenos. Profundos. Sin ningún miedo, diría que están a la altura de cualquier clásico o de cualquier gran escritor que uno pueda pensar.

O´Connor es una autora del sur de Estados Unidos, cuando todavía los problemas económicos y raciales eran un tema candente, (si es que en aquellas tierras sureñas han dejado de serlo alguna vez), y ello marca profundamente su obra. Muchos de los relatos retratan la complejidad moral de un mundo marcado por la pobreza rural y el racismo estructural.

En sus relatos, personajes duros, tercos, incluso criminales, se enfrentan a situaciones límite en las que sin embargo, nos revelan una gracia inesperada, recordándonos que de cualquier estercolero o roca puede brotar la flor más bella e inesperada. Siempre hay margen para la esperanza, siempre puede redimirnos la gracia. Y esta para mi es una de las notas claves de sus relatos.

Su estilo literario es directo, (yo de hecho hice una referencia en el artículo de los novelistas hard-boiled americanos), no sólo por aquellos relatos que describen personajes inmersos en una criminalidad cotidiana (Un hombre bueno es difícil de encontrar, por poner un ejemplo más que recomendable), sino por su estilo literario directo, rotundo, contundente, sin las concesiones que pueda uno encontrar en el largo recorrido de la novela, y que hacen ese estilo perfecto para la temática más trabajada por la autora, la narrativa breve.

Hay dos cuestiones que marcan la vida de Flannery O’Connor, la primera es una larga enfermedad, llamada Lupus, por la que murió su padre también joven, y por la que también ella acabó falleciendo con sólo treinta y nueve años.

La segunda es su Fe católica. No es necesario hacer un sesudo estudio de su obra, se desprenden dos conceptos que difícilmente encontramos fuera de la literatura cristiana, la ya citada Gracia, y la Esperanza. Ante cualquier circunstancia, encuentra esperanza, porque hay un bien y un porvenir que nos transciende.

En cualquier caso, ha sido la propia autora la que ha indicado en numerosas entrevistas y escritos, que no ha habido nada más importante en su vida, ni en su obra, como la Fe.

O’Connor, frente a las frecuentes tensiones de sus paisanos sureños, vive la Fe con una convicción serena, con una intensa alegría interior, pero sin aspavientos, como en realidad se vive profundamente la Fe.

Se ha confesado lectora de Santo Tomás de Aquino, pero también tuvo relación y correspondencia con escritores y amigos de distinta forma de entender la vida como Faulkner, Graham Greene o Jung.

En todo caso, Flannery O’Connor sigue recordándonos que incluso en los rincones más oscuros de la vida se esconde un misterio capaz de iluminarnos.

Una obra marcada por los relatos

Como he indicado, es reconocida especialmente por sus relatos y narrativa breve. Al menos es lo que yo he leído y puedo hablaros. Y para quien quiera acercarse a conocer a la autora os aconsejaría que lo hicierais a través de un volumen de relatos publicado como Un hombre bueno es difícil de encontrar, (A Good Man Is Hard to Find), y que está considerado como una obra maestra del relato breve estadounidense.

Precisamente el relato que da título al volumen para mi es uno de los grandes relatos que he leído, y que tras más de dos años que lo leí, lo sigo recordando perfectamente, quizá marcado todavía por la violencia y la frialdad del mal.

Otro relato que no podéis saltaros de la colección es “El negro artificial”, una crítica profunda al origen del racismo y la ignorancia.

La novela más reconocida de O´Connor posiblemente sea Sangre Sabie (Wise Blood), de 1952, una historia oscura y satírica sobre un joven obsesionado con fundar una “Iglesia sin Cristo”. Este absurdo nos lleva a afrontar un tema muy sureño, como es el fanatismo religioso, ofreciéndonos su universo moral y grotesco. La obra se recorre con diálogos secos y feroces, y una atmósfera surreal.

La autora sigue teniendo tal reconocimiento en su país que el volumen que se publicó conteniendo su obra narrativa íntegra fue galardonado con el National Book Award.

O’Connor murió a los treinta y nueve años, pero su obra sigue quizá más en forma que cuando fue publicada, (ya que en cierto modo su dureza y su personal visión como mujer causó un cierto resquemor social en los primeros años de sus publicaciones), y sobre todo, sigue recordándonos que la buena literatura puede hacernos adentrar y recorrer la oscuridad más profunda, guiándonos hacia una pequeña lucecita al fondo, una luz en la que uno, por muy criminal que haya sido, siempre puede encontrar la redención.

Si os habéis quedado con ganas de más, os dejo unos enlaces a artículos. La web de American magazine tiene varios artículos sobre la autora.

 

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