Me resultaba muy difícil encontrar el sitio correcto dentro de la web. La muerte del decano, aparentemente es un libro de novela policiaca, y de hecho posee muchos de sus ingredientes: un asesinato, un posible culpable, una instrucción judicial que esclarezca los hechos. Pero no lo es. No es un libro policiaco. Ni mucho menos. O al menos no es un libro policiaco al uso, y en parte ahí radica también su encanto.
El libro es bueno, pero difícilmente de encajar como novela negra. Un poquito más se acercaría si atendemos a un criterio policiaco. Lo cierto es que finalmente me he animado a incluirlo entre los libros del género porque como digo tiene buenos ingredientes, y aunque Torrente Ballester trate incluso con ironía este género, (casi todo en su vida lo trató con ironía), lo cierto es que las reflexiones en torno al posible crimen, las motivaciones, el esclarecimiento de los hechos, bien pueden hacer disfrutar a un buen lector, incluso a un exigente lector de novela negra.
Torrente Ballester, un autor a recuperar.
Lamentablemente Torrente Ballester ha caído en un cierto olvido literario. Os he dejado el enlace a la página de Facebook de su Fundación que apenas tiene unos mil trescientos seguidores. Sin embargo, estamos ante un autor estupendo que abordó casi todos los géneros de novela, y muchos otros de ensayo, pero que no se prodigó en la literatura policiaca. Grandes obras suyas fueron Los Gozos y las sombras, Don Juan y Filomeno, a mi pesar, que obtuvo el premio Planeta. A mi me gustó muchísimo La saga/fuga de J.B., un libro que creo que aportó una gran frescura a la literatura española del momento, y que sigue ofreciendo una lectura más que interesante.
La muerte del decano, como decimos, escapa al encasillamiento policiaco. No se trata de eso, hay un crimen, y como decíamos un sospechoso, una instrucción, un comisario chusquerete pero sincero, pero no pretende la trama, ni mucho menos, ahondarnos en un misterio que ni siquiera resulta determinante, sin ánimo de revelar ningún final.
Porque el motivo por el que yo os animaría a leerlo no es por una trama deductiva, ni un misterio de esos que puedan enganchar, sino por una gran calidad literaria, por unos diálogos con mucho calado, y por unos personajes sobre los que sobrevolamos con delicadeza, pero con penetrante análisis. En cierto modo, la psicología de los personajes es uno de los atractivos del libro.
También lo es la trama, la (posible) premeditación de la historia, (no quiero desvelarla), y el juego al que nos somete hasta casi el final el autor, ¿estamos ante un asesinato o un suicidio?. Las motivaciones y las pruebas son parte de un juego que el autor maneja con ingenio y una cierta dosis de ironía.
Los personajes son en general muy buenos. A mi la mujer del sospechoso me parece excepcional.
La novela se ambienta en una ciudad gallega universitaria, (yo no paraba de imaginar Santiago), y en una época determinada, en plena postguerra. No queda fuera de la novela una velada crítica a esos años duros del régimen. Y a mi particularmente me ha hecho disfrutar esa época, que sin ser lejana en el tiempo, lo es ya en las costumbres. De hecho sorprende cómo han desaparecido en tan poco tiempo, de nuestra sociedad, elementos que eran cotidianos como los puros, el coñac, las formas de tratarse, las tertulias de café o los casinos.
Y eso también tiene su encanto, transportarse a un tiempo pasado, reconocible, en una cierta reconocible o imaginable.
La novela es relativamente corta, apenas llega a las doscientas páginas. Una lectura ágil, pero con calado. Yo lo intentaría, es una forma fácil de conocer a este buen autor, al que yo creo que si se lee se acaba volviendo.










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