La música religiosa se ha liberado de muchos prejuicios y se ha lanzado a conquistar terrenos insospechados. A competir en las listas, a obtener premios, a que se tenga como referencia en plataformas musicales, o incluso a que una discográfica relevante como Universal, haya creado una división especializada sobre la materia.
En los últimos años ha crecido a un ritmo del doble de la media de la industria musical.
El hecho de que la música religiosa cristiana se interprete en casi todos los géneros (rock, pop, gospel, blues, bachata, melódica) ha ampliado el número de oyentes, es decir, oyentes para todos los gustos.
Los conocidos premios Grammy ya dedicaban un premio a la música góspel, de honda tradición americana. Hace unos diez años se creó la categoría de mejor álbum de música cristiana y para los próximos premios de este año, se han previsto hasta cinco categorías relativas a la música cristiana.
Igualmente, los llamados Grammy Latino crearon hace más de diez años la categoría de mejor álbum cristiano en español y en portugués, y en Spotify, bajo el género de música latin christian, aparecen cientos de artistas.
A mi personalmente, me inquieta que la industria y el mercado metan sus zarpas en materias que por definición deberían ser ajenas al negocio y las superventas. Pero si ello sirve para llevar mensajes de Esperanza a un público más alejado, pues ya no sé qué decir. La verdad es que me veo incapaz de tener una opinión para todo.
Una materia habitualmente conectada a lo espiritual.
Tampoco debería extrañarnos. Lo cierto es que entre los músicos siempre ha habido una amplia representación de creyentes, y la música ha estado ligada a la religión desde los orígenes perdidos. Los salmos judíos no dejan de ser de algún modo una cierta forma de orar y cantar. De hecho la mayoría de los mismos se cantan desde el medievo de forma habitual en las celebraciones. El cantar de los cantares es uno de los libros importantes del Antiguo Testamento. Rara es la celebración religiosa que no tenga o no esté representada también bajo la forma de grandes obras de música.
Una amplia selección de creyentes entre los grandes músicos clásicos
De entre los grandes músicos clásicos, Johann Sebastian Bach, probablemente el músico más importante de la historia, y con seguridad el más influyente, era un hombre profundamente creyente y entregado a la vida familiar. Además con toda seguridad fue un gran padre porque muchos de sus hijos aprendieron de él y siguieron su ejemplo, su amor y su dedicación a la música.
Vivaldi fue sacerdote. Y así podemos citar tantos otros que han tenido la Fe presente en su vida, desde Haydn, Mozart, Beethoven o Händel (preciosa la historia sobre su composición de El Mesías recogida en Los momentos estelares de la Humanidad, de Stefan Zweig).
Ya más recientemente tenemos otro feliz converso como fue Félix Mendelssohn y contemporáneos como Olivier Messiaen, los españoles Manuel de Falla y Narciso Yepes, o Igor Stravinsky, que tan contundentemente resumió su obra Sólo Dios puede crear. Hago música de la música.
¿Y en el siglo XX?. Pues seguimos sin cambiar de ritmo.
La cantidad de grandes músicos creyentes que he conocido de esos años dorados de creatividad y crecimiento de la música que fueron los sesenta y setenta, en que nació el rock, es interminable. Muchos de ellos lo fueron sólo en una parte de su vida, pero la lista es interminable. Sólo como ejemplo podríamos poner a Johnny Cash o Ringo Starr, pero podemos citar algunos que además de grandes músicos fueron precisamente renovadores y auténticos innovadores, como Roger McGuinn líder de los Byrds y creador de un sonido absolutamente propio, Brian Wilson líder de los Beach Boys y uno de los músicos más influyentes y renovador del rock americano, y al siempre profundo Bob Dylan al que su conversión le supuso una mayor afronta a algunos de sus seguidores que pasar de la guitarra acústica a la eléctrica, sin esconderse por ello y sacando incluso posteriormente una trilogía ya en los ochenta totalmente cristiana. Se podría escribir un artículo llamado de Newport a Roma, (Dylan llegó a saludar personalmente a Juan Pablo II, si bien creo que fue en Bolonia el encuentro, pero fue un viaje personal para cantar su Fe y reafirmar en público sus dos grandes credos, la Fender y Jesucristo, para desesperación de los integristas progres). Más reciente tenemos a Bono de U2, quien ha marcado su vida y obra en torno a sus principios cristianos. Son sólo algunos de la gran lista de músicos que han vivido gran parte de su vida como creyentes.
Muchos lo hicieron durante algún momento de su vida, o buscaron en otras religiones sobre todo orientales, pero la mayoría vivieron años de Fe cristiana viniendo de un ateísmo convencido, como Eric Clapton, aún con sus momentos tortuosos, Bob Marley, quien insospechadamente al final de su vida cambió el humo de las fumatas por el del incienso, George Harrison guitarra solista del mejor grupo de la historia, o alguien tan inesperado como Alice Cooper. Además como hemos dicho con una curiosa coincidencia, la gran mayoría de ellos no venían de vivir la Fe en su vida, sino que se convirtieron ya en su madurez. Cuando se habla de ellos, no se habla de sus cuestiones importantes, que son siempre las ligadas a la Fe y a su vida profunda, de la que nace gran parte de su arte, su música, su sensibilidad y su espiritualidad, sino que se habla de los mismos tópicos, de sus últimas extravagancias o escándalos, de la novedades discográficas como meros objetos de consumo, o incluso si han ganado algún grammy, fomentando así una banalidad continua de la que es casi imposible que nos lleguen mensajes interesantes y reales sobre la persona, y no sobre el personaje.



