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6. La novela negra se humaniza.

La novela negra social, o dicho de otro modo, la novela negra se humaniza.

Mira que es un término manido el de “tercera vía”, un concepto que en su origen fue acuñado por el Papa Pio XII para encontrar un camino entre el socialismo y el capitalismo, a través de lo que al cabo de muchos años vino a convertirse en la democracia cristiana. Pero ha venido también siendo utilizado por multitud de autores y tendencias con una idea similar, siendo quizá los más famosos los usos de Polnayi, Schumacher, o más recientemente Giddens o Amitai Etzioni. Así que usado como es para casi cualquier idea, me atrevo yo a decir que la novela europea que nace con Simenon abre verdaderamente una “tercera vía”.

Y es que lejos del crimen intelectualizado que imperaba en Europa en el primer tercio de siglo, y del duro relato americano, el hard-boiled, Georges Simenon, coetáneo de los movimientos anteriores, marca una tercera vía para mi claramente diferenciada, una vía que nace sobre todo con las novelas geniales de Maigret, en las que la novela negra se humaniza.

Dejamos un enlace a Simenon, al que hemos creado un apartado específico como autor imprescindible, y con eso creo que resumo lo que pienso del autor. Posiblemente sea el autor más cercano a la comprensión de la realidad del crimen, desde una y otra visión. De una soberbia calidad narrativa, y centrado generalmente en historias sencillas, en los que sin embargo la intriga te impide dejar de leer, es capaz de crear un ambiente como pocos, una atmósfera que se respira leyendo, unos personajes humanos, entrañables, creíbles y profundos.

Simenon empieza a publicar en los años treinta, donde aún triunfan los estilos anteriormente reseñados, pero como decimos, se aleja de ambos claramente. Ya no importa tanto el descubrimiento de un crimen, más o menos finamente diseñado, o la violencia como medio de salvar la vida o encontrar un espacio en la misma. Maigret comprende el crimen y su autor. Un policía humano, casado, con una vida sencilla, cuyo esfuerzo se centra en la persona del criminal, abriendo como decimos una línea que ha acabado por imponerse casi como la línea más importante de la novela europea. Os dejamos enlace para descubrir estos maravillosos libros. Lo cierto es que las novelas de Simenon no son novelas policiacas, son Novelas con mayúsculas.

Sin embargo, Simenon no tuvo el reconocimiento entre los críticos y literatos que merece, lo cual nos recuerda hasta qué punto debemos desconfiar de esos oráculos que quieren imponernos continuamente. Tengo una teoría conspiratoria por la que creo que un autor que vendió millones de libros no puede ser bien reconocido por los intelectualoides, creo que piensan algo así como que no es posible que la gran plebe social coincida con nuestros gustos intelectuales y refinados. Algo así pasó también en Francia con Hitchcock hasta que lo defendió abiertamente la novelle vague, y en particular Truffaut. Quién por cierto hizo un par de buenos homenajes a la novela negra.

Su influencia vino en años posteriores, y especialmente a partir de los años sesenta fue evidente o reconocida en autores, tanto mediterráneos como Mario Lacruz, Montalbán o Camilleri, anglosajones como Banville, o los pioneros de la novela nórdica Maj Sjöwall y Per Wahlöö.

Como anécdota cabe decir que se crean premios con su nombre, en España el organizado por la editorial Ayma lo gana en 1593 Mario Lacruz, un autor del que hacemos varias referencias al hablar de la novela policiaca en España, y en concreto con “El inocente” obra consensuada como la primera referencia del estilo en España, y que os recomiendo como una obra de verdadero interés literario.

La novela socio-policiaca

Esta línea se va a entrelazar con un estilo ajeno por completo a la novela negra, que empieza a tener fuerte tirón, y que se va a llamar realismo social.

A partir de la segunda mitad de siglo la novela social va a encontrar en la policiaca un aliado perfecto para renovarse, para llegar a un gran público, dos estilos que van a entroncar mutuamente.

En España esa novela tiene dificultades durante el franquismo, y además tampoco hay muchos autores que creen buenas obras sobre la materia, pero en Europa empieza a germinar con éxito. Una combinación estupenda para el gran público, porque permite realizar una crítica social o política mantenida con el ritmo y la intriga que rodea la novela negra, haciendo con ello novelas más atractivas para el público.

La novela negra rompe límites

A partir de esos años la novela se amplía, incluso se deforma, dando lugar a diversos estilos que ya no sabemos si encajan o no dentro del género, por ejemplo las novelas de espías, en las que muchos autores, sobre todo en plena guerra fría pasan de un estilo a otro sin que sepamos marcar bien los límites. Se encuentran buenas novelas en esta línea de autores como Graham Greene, John le Carré, Ian Fleming o Frederick Forsyth. Y todavía coleando por esos años estaba quien fue el gran precursor del género, a mi gusto, y entender, Eric Ambler, de quien recomendamos varias buenas novelas en esta web.

Igualmente aparecen todo tipo de estilos nacionales, los llamo así por su aparente localismo, al abordar los problemas sociopolíticos locales, ambientando las obras en una ciudad o incluso barrio concreto, en un entorno y ambiente muy localizado y reconocible, incluso apelando al disfrute de lo gastronómico local, como en Vázquez Montalbán o Camilleri.

Efectivamente, a partir de los años setenta es imposible ya entrar a valorar la novela negra. Son tantos los autores, estilos y subgéneros, que merecería una obra completa en varios volúmenes.

Por finalizar la gran tradición literaria que veníamos hablando de Francia, y continuando con el género estrictamente policiaco, en nuestro país vecino proliferan gran cantidad y variedad de autores, la mayoría alrededor de la editorial Gallimard, entre los que destacan Albert Simonin, Jean Amila, Auguste Le Breton o Pierre Lesou, si bien el que alcanza un mayor reconocimiento y en cierto modo se mantiene vigente es Jean-Patrick  Manchette.

De Le Breton tenemos un clásico recomendado en la web, Rififí, y Manchette es un autor que ya despunta bien entrados los setenta, casi en los ochenta, años que ya son claramente otra etapa, con otras historias y preocupaciones, y por tanto un autor del que hablaremos llegada la última etapa del siglo XX.

 

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