Gánsters y bandas.
Aunque no forme estrictamente parte de este estilo, y de hecho les reservamos un lugar aparte, no quisiera dejar de recordar la gran importancia que los gánsters tuvieron en la sociedad y en la literatura de la que venimos hablando, y es que influyó hasta tal punto que acabó desarrollando todo un subgénero de bandas y gánsters.
Un subgénero que me atrevería a decir que tuvo más éxito en el cine que en la literatura. Al menos muchos recordarán películas de los años cuarenta y cincuenta como La jungla del asfalto o Cayo Largo, del ya citado John Huston, Los violentos años veinte (Walsh), e incluso anteriores como Scarface, de Hawks, y por supuesto la gran tradición posterior de películas que ha producido. Sin embargo cuesta mucho más recordar novelas sobre bandas. Sí, novelas de gánsters o delincuentes más o menos sofisticados que van por libre hay muchas, pero bandas organizadas en términos de novela durante esos años pocas.
El desembarco americano en Europa
Pues efectivamente, la llegada de los autores americanos del hard-boiled que veíamos en anterior reseña, (Chandler, Hammet, Cain, Cheyney, etc), fue todo un segundo desembarco americano, apenas unos años después del de Normandía.
En la siempre idealizada rive gauche parisina fue donde se descubrieron estos autores en los años cuarenta, y sobre todo en los cincuenta, e introducidos en Europa a través de editoriales francesas, especialmente Gallimard.
La llegada de estos autores fue bien acogida desde el primer momento, por una parte, como hemos dicho, por la novedad y por la frescura que traían, en cierto modo fue una gran bocanada de aire fresco para la literatura del momento, y por otra parte, por las posibilidades narrativas y técnicas que aportaban y que abrían aquellas novelas, así como la gran crítica social y política, hecha desde novelas que además atrapaban al público y que se vendían alegremente. En ese contexto se empezaron a reconocer a estos autores, ya no sólo como escritores de novelas policiacas, sino como autores reconocidos.
Como ya indicamos fue a partir de 1945 cuando Duhamel preparó para la Editorial Gallimard la serie de novelas que se publicarían en la Série Noire, de donde tomaron el nombre en Europa. El nombre viene del color de las publicaciones, pero también se inspiró en la revista americana Black Mask donde habían comenzado a publicar estos autores en Estados Unidos, por los años veinte, así como del evidente trasfondo de las obras.
Queremos traer parte de la presentación que el propio Marcel Duhamel hizo de la Série Noire, que recoge toda una declaración de principios de la novedosa forma de escribir y la nueva temática que estaban importando: «Que los lectores sin prejuicios desconfíen: corren peligro al tener en sus manos los volúmenes de la Série Noire. Los aficionados a los enigmas a lo Sherlock Holmes no les sacarán provecho. El optimista habitual tampoco. La inmoralidad admitida en general en este género únicamente sirve para destacar la moralidad convencional, tanto como unos buenos sentimientos e incluso solamente la amoralidad. Veremos a policías más corruptos que los malhechores que persiguen. El detective no siempre resuelve el misterio, incluso a veces no hay misterio ni detective. Pero, ¿entonces?… Entonces queda la acción, la angustia, la violencia -en todas sus formas y particularmente las más deshonrosas- de las palizas y los asesinatos”.
Así comenzó la famosa serie negra que luego ha ido atravesando otras variedades del negro, como el polar y el neopolar francés, que veremos más adelante, y que ampliando a autores de muy diversas procedencias posiblemente haya alcanzado ya los tres mil títulos.
Muchos años dorados de Hollywood
Si hemos empezado la reseña hablando de gánsgters, es porque a pesar de no tener la relevancia literaria que tuvieron las novelas negras, las obras llevadas al cine si tuvieron un impacto y una influencia descomunal en Europa. Y es como hemos indicado, la mejor promoción de las novelas fueron las grandes películas que sobre las mismas comenzaron a llegar de Hollywood, películas fascinantes que tuvieron un éxito arrollador tanto de crítica como de público, y que por una vez, y sin que sirva de precedente, recomendaríamos casi con tanto fervor, como la lectura de estas novelas.
El cine negro fue impactante en todos los sentidos, no sólo en cuanto a argumentos, personajes o crítica social, sino que a su servicio se dispusieron a las mejores estrellas del momento, a los mejores directores, y acompañado de los grandes directores de cine, y algo que no puede pasarse por alto en estas películas, la fotografía y el maravillo manejo del blanco y negro. Y es que a mi parecer, el cine no ha vuelto a encontrar un género donde la fotografía y la luz hayan tenido la importancia y el arte que encontramos en los años cuarenta y cincuenta.








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