Ernesto Sabato es uno de los escritores argentinos más influyentes e interesantes del último tercio del siglo XX y principios del XXI, un autor complejo y completo, al que vale la pena conocer, y al que vamos a revisar brevemente.
Ya advertimos que no es fácil, las novelas, exceptuando la primera (El túnel) son de una extensión y complejidad que no están en la línea habitual de la novela actual, una novela que ha devenido en buscar lo fácil, más accesible y amena, pero sin duda más superficial. Para quien siga exigiendo mucho más de una novela, éste puede ser un autor a descubrir.
Sabato es un científico de formación que dio el salto a la literatura y las letras, un ateo racionalista clásico que saltó también a la Fe cristiana, con igual o incluso posiblemente más carga racional, y un argentino alegremente asentado en el cono sur, que sin embargo, haciendo siempre gala en sus escritos de su apego y localismo, viajó y trabajó muchos años en Europa, especialmente en Francia. Todo ello evidencia ya una riqueza interior del autor poco habitual.
Unas pinceladas de su vida
Sabato es un argentino de Rojas, (Buenos Aires), nacido en 1911 en una familia de inmigrantes italianos. Desde pequeño mostró una gran vocación intelectual y sensibilidad artística, aunque finalmente en sus estudios se decidió por su vena científica. Así, fascinado por el conocimiento, estudió Física en la Universidad Nacional de La Plata y llegó a ocupar un puesto en el prestigioso Laboratorio Curie en París, ciudad en la que vivió de cerca el auge de la física moderna y los avances que transformarían el siglo XX.
Sin embargo, la Europa de entreguerras, el ascenso del nazismo y la frialdad técnica de la ciencia despertaron en Sabato un conflicto interior. Sufrió una fuerte crisis espiritual que lo llevó a cuestionar el papel de la ciencia en la comprensión del sentido último de la vida.
Esa tensión interior le llevó en 1945 a tomar una de las decisiones más radicales de su vida, abandonar definitivamente la ciencia para dedicarse a la literatura. Según él, solo el arte podía penetrar en las regiones más profundas del alma humana.
Y empieza su vida literaria
Fruto de esta situación personal es una de sus novelas más reconocidas, la primera con la que fue conocido en el panorama literario, “El túnel”, de 1948, una novela que trata desde la visión del autor el existencialismo y la soledad.
El túnel, narra la obsesión del pintor Juan Pablo Castel por una mujer que representa, para él, la única posibilidad de comprenderse. Su incapacidad para amar, su desesperación y su caída moral revelan el drama del ser humano que se desconecta del amor verdadero. La novela aborda una extraña, tormentosa y breve historia de amor, y tiene uno de esos comienzos que pueden dar lugar por sí mismo a horas de tertulia: «Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne; supongo que el proceso está en el recuerdo de todos y que no se necesitan mayores explicaciones sobre mi persona».
El apenas centenar de páginas nos deja verdaderamente en un túnel, junto al personaje, un túnel desamparado sin saber bien hacia dónde conduce. La novela se ha interpretado también como una metáfora de la condición caída del hombre, una idea central del cristianismo, de modo que Castel es un individuo encerrado en su propio “túnel interior”, incapaz de ver la luz.
Autores que hemos citado en esta web ampliamente como Pascal o Dostoievski influyeron en su obra y en su concepción del mundo.
Al igual que otro gran autor español como fue Unamuno, la tensión entre luz y tinieblas es también el corazón de toda su narrativa.
Sus grandes obras: “Sobre héroes y tumbas” y “Abaddón el exterminador”.
Están consideradas ambas como su obra maestra narrativa, la primera es una novela llena de simbolismo, que entrelaza historia, mito, psicología y espiritualidad.
La segunda de ellas, (fue cronológicamente la tercera novela de Sabato), se considera la más mística y compleja, y tiene ese halo indescriptible que tienen las novelas de culto. Tiene una compleja estructura fragmentada que pretende trasladar e integrarnos a través de su lectura en el caos espiritual y social del siglo XX.
Yo creo que ambas novelas son complejas, extensas y merecen un esfuerzo del lector, a mi me parecieron grandes obras para disfrutar, sin tiempo, decidiendo adentrarnos en un territorio muy personal, y complejo, pero un trayecto que vale la pena
Los ensayos
Yo os aconsejaría acercaros a Sabato con dos sencillos ensayos, ni siquiera podríamos llamarlos así, eso de ensayo suena como muy serio. Las dos obras que me refiero son en realidad unos libros son cinco cartas sobre diversos temas, cartas sencillas e incluso amenas, pero de una profundidad que nos ayudará a entendernos mejor y entender el mundo que nos rodea.
En concreto os recomendaría La Resistencia y Antes del fin, dos pequeños volúmenes de esas cartas, que tendrá cada uno de ellos poco más de cien de páginas, y que se publicaron en Seix Barral, (no sé si habrá alguna otra edición).
Yo los disfruté mucho, y con su sencillez nos ayudan a valorar y reflexionar las cosas más ordinarias de la vida, esas que por su carácter cotidiano muchas veces olvidamos valorar y saborear.
Los dos pequeños volúmenes constituyen una meditación sobre el mundo actual, la técnica y la deshumanización que conlleva, la dignidad humana, la libertad, la familia, los recuerdos o el arte. A mi me parecen dos joyitas fáciles de leer y que nos ayudarán a reflexionar sobre muchos aspectos de la vida, todo ello, con la narrativa ágil de un escritor solvente, y con la profundidad de reflexión de una persona con tanta formación y calado.
Otros ensayos también conocidos del autor son “Uno y el universo, “Hombres y engranajes” y sobre todo “El escritor y sus fantasmas”.
Una cuestión interesante que rodea el último de estos ensayos es lo relativo al proceso creador y a la responsabilidad ética del escritor.
En definitiva, un autor comprometido con el hombre, con su entorno, con el mundo, con valores humanos, con el medio ambiente, y con tantas cuestiones necesarias hoy en día. Sabato nos recuerda que la existencia humana es un combate permanente entre la sombra y la luz, pero que incluso en los momentos más oscuros es posible encontrar el camino de la esperanza.










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