El carretero de La Providencia, en francés Le Charretier de la Providence es la segunda novela de Maigret y, a mi parecer, una de las más atípicas, de lo que luego cuando tengamos una visión de conjunto de su obra. Muy pocas referencias encontramos al universo personal y urbano de Maigret, ni sus compañeros, ni superiores, ni el Quai, ni su esposa, ni un almuerzo digno, ni siquiera el boulevard Richard Lenoir.
En ésta ocasión la historia nos lleva a los canales del Loira.
Pese a la falta de referencias al ambiente habitual de Maigret, como decía al principio, la historia tiene todos los tintes de Simenon, y realmente los personajes son de la profundidad y riqueza que habitualmente se encuentran en las novelas del gran escritor belga.
Pero como decía, no es una historia habitual, quizá hay demasiada información para esclarecer el caso, pese a lo cual, no podemos tener una sospecha clara, lo que conlleva a un final doblemente inesperado, por una parte porque sorprende verdaderamente la resolución, y por otra, porque la sorpresa se debe precisamente a la falta de información en que nos hemos mantenido durante parte de la historia, un especie de silencio sobre algo, que en realidad estaba ahí, pero no acababa de llamarnos en exceso la atención. Hay que reconocer que es un juego del escritor ingenioso y hábil.
Asimismo, la novela nos sumerge en un ambiente húmedo, lluvioso, brumoso, con sus canales y barcazas, un ambiente que encontramos frecuentemente en las historias de Simenon, un ambiente en el que al autor vivió, y que nos permite entrar en la ambientación de la historia con la misma intensidad que encontramos en otros libros suyos.
La historia comienza cuando el cadáver de una mujer elegante y adinerada aparece estrangulada en el establo de una taberna junto a un canal lateral del Loira. Allí se ha de desplazar nuestro comisario Maigret, y es donde encontramos una trama que se gesta a través de unos secretos del pasado que unen a personajes de mundos completamente distintos, el de la víctima, que vivía una vida lujosa viajando en un yate privado, y el de los rudos habitantes de un entorno rústico, trabajadores de canales, marineros y carreteros que arrastran las barcazas desde la orilla, en particular de uno que trabaja para la barcaza llamada La Providencia.
Otra historia que rezuma humanidad
Como decíamos en la presentación de Simenon, con él, la novela negra se humaniza. Esta novela no es distinta en ello.
La historia aporta grandes caracteres, la vida de unos personajes que raramente se encuentran fuera de las novelas de Simenon, y la gran humanidad que se rezuma, especialmente en la parte final. ¡qué difícil resulta en la novela contemporánea encontrar esa profunda humanidad, dibujada en ocasiones con rápidas y sutiles pinceladas!.
Que Simenon es uno de los grandes escritores del pasado siglo XX se evidencia precisamente en estos libros, donde sale de la clásica novela que le ha resultado fácil escribir y ha obtenido éxito, para llevarnos a lugares y personajes insospechados y ajenos a los habituales ingredientes de su éxito.
Y en éste caso, merece la pena salir del ambiente habitual de Maigret para regalarnos otra joyita, que suponen estas pequeñas novelas de poco más de cien páginas, a las que todo el mundo puede tener acceso, y donde condensa interesantes historias, personajes, ambientes, y sobre todo la profunda humanidad de este gran autor que sigue sin tener el reconocimiento literario que merece.










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